miércoles, 17 de enero de 2018

Marcas en el cuello


Sombra
Nunca viste la profundidad de la noche
La larga noche negra
A veces hay que ahogarse en tinta
Y quemar la voz para conservar el alma

Dolor
Transparencia poco acostumbrada
El peligro de desnudar los ojos
Ante la materia inmensa del fondo
Es precisamente hallarse solo
Aquí los fantasmas sin vos
Aquí el encierro voluntario sin ellos

Invento
El espacio en que te encuentro
Vendada la lengua con tu más pura ausencia
Silencio desaforado
Babas disparadas en la rabia carcelaria

Ruinas
Que acá no tembló mucho
Los escombros son tu raíz
Sobre la grieta en pedacitos
Los puntos suspensivos
Que en el cuello se van cortando



domingo, 29 de noviembre de 2015

Títere o dios.

Que tu mano no se eleve sobre tu cabeza
y te obligue a encorvarte buscándola
correr cansado a los domingos soleados
para dormir durante la vida que pasa fuera
dentro un vasto campamento corrompido
por cóleras arbustos y fantasmas
prolongan a las cuerdas en psicosis tan distantes
que no te queda más que ser la mano
controlando los hilos rotos ya sueltos
el nombre a eso lo pones tú o tu fantasma
Locura o Libertad.

domingo, 30 de junio de 2013

Descalzo.

La boca me sabe a manicomio,
las rodillas a óxido,
a anteayer,
yo mismo le duelo a mi brazo,
me invento el colmo amaneciendo,
la desesperación a colores vivos,
mortales como la mentira,
pero no como el dolor.

La calle angosta de la cordura
me anula inhalado,
lo intenta,
pero la locura,
su nariz gigante
lo sabe,
yo soy polvo…
en la ruta del viento
sudo el paisaje,
por los poros
deambulan caminos para pies descalzos.

La locura despierta,
sus dientes acordeones,
la danza que sigue mi boca,
destrozado aquel silencio,
con sus pedazos,
mintiendo un poco y creyendo en mis mentiras,
mato la verdad que jalaba por las patas,
que mentía
sin creer ni crear.

El espejismo roto,
los espejos rotos,
miles de rostros.

La alucinación,
el peor de los pactos sociales es la “realidad”,
las alas de una campana,
los oídos subterráneos,
la tumba y la lágrima,
soy el tumor de mi libertad,
la sangre pasajera
hirviendo desde hoy
si sueño en otras noches

La luna más nerviosa en mi ojo más perdido
es más una canción que un reflejo,
una distorsión de mi hambre,
que las rayas de las celdas
no las ha dibujado ninguna mano pequeña.

Invento y olvido la gravedad y lo grave…

Cuando la caricia quiere el encierro de un criminal,
la mancha indeleble,
roja y viva,
el placer del cuello,
la cabeza rodando,
que me siente por trozos,
que conserva un ojo para dividirme.

Soy la droga de mi desquicio,
a veces el síndrome de abstinencia.
Soy, si despierto por fin, la cura.

Claustro,
mi más propia catástrofe,
mi más vacuo querer ser,
o no estar,
o estar sin ser ni lugar,
o querer sin estar,
o tener sin mar,
o amar sin color ni sueño...

Buenas noches...